
Muchas calles están pensadas bajo la óptica del vehículo privado, con amplios carriles, generosas bandas aparcamiento, pero aceras estrechas.

A veces nos encontramos con carriles desproporcionados, como en la Av. de la Constitución, con 6,50 m para un sólo carril, mientras que las aceras, además de estrechas, acogen farolas, postes y señales. En el tramo que se muestra en la imagen, está prohibido aparcar en ambas márgenes.

Mientras tanto, abundan las aceras estrechas.
A veces, muy estrechas.
Y en ocasiones, las aceras hasta "desaparecen".
Para colmo, están llenas de obstáculos.
Lo de hacer una espiga en la calzada para acoger a las farolas, y dejar así espacio libre a los peatones, debe ser poco menos que sacrílego. ¿Quién osaría a reducir mínimamente el espacio para aparcamiento?
Las escaleras no ayudan a una movilidad sin barreras.
Las zonas ajardinadas, siempre vienen bien, pero ¿a costa de dejar una cutre-acera?
En la siguiente se juntan muchas cosas: acera muy estrecha, con continuidad mal rematada y ¡acogiendo una parada de autobús!. Si el espacio para transitar es escaso, no digo nada para los viajeros que esperan el autobús.
Ayer me encontré con unas obras de remodelación de una acera (estrecha, claro). ¿Aprovecharon para ampliar un poco su sección? Ni por casualidad. Sólo cambian el pavimento.
Y he dejado la mejor para el final. Hay vados donde queda claro que su diseño está más pensado para los coches que para los peatones.
Pero el caso que cierra esta entrada es un auténtico disparate: si haces un vado, ponle un buen escalón a los peatones, aun a costa de que no puedan entrar los coches. ¡De traca!

































